Por Francisco Javier Valencia Olarte, estudiante de la Escuela de Formación en Tantra de la Fundación Dhakini Tantra y del Instituto Tantra de Xavi Domenech; entrenado en Terapia Gestalt en la Escuela de Transformación Humana; practicante de Tarot Terapéutico y Poeta.

«Los amantes son espejos el uno del otro. El amor te hace consciente de tu rostro original”. (Osho).



«Lo femenino crece espiritualmente cuando aprende a vivir en amor, en lugar de vivir esperando al amor. Lo masculino crece espiritualmente cuando aprende a vivir en libertad, en lugar de vivir luchando por la libertad. Estos dos caminos sexuales, aunque distintos, conducen a una misma felicidad espiritual, que encuentra su máxima evidencia en el abrazo de los amantes». (David Deida-Como descubrir a Dios a través del Sexo.)

Dos ideas, dos frases de dos grandes pensadores que seguimos en la Escuela Dhakini, dada su coherencia y su afinidad con las enseñanzas del Tantra kriya Yoga, nos abren el camino a la disertación sobre el amor consciente y su incidencia en las relaciones de pareja.

Son muchas las maneras de definir y entender lo que significa amor consciente, bien desde la concepción psicológica o desde la tántrica, y de cómo, dicha consciencia, incide en la manera en la que las personas se relacionan en pareja, sea homo o heterosexual.

Y lo primero a tener en cuenta para adentrarnos en su comprensión, es desentrañar lo que se entiende por consciencia. La raíz etimológica nos dice que “consciente” viene de “conscientis”, que significa “saber perfectamente”; lo cual amplía el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española con la acepción: “que siente, piensa y obra con conocimiento de sus actos y de su repercusión.”

Pues bien, ese sentir, pensar y obrar con conocimiento de los actos y entender y asumir las consecuencias de ellos, desde luego es algo que debe aplicarse a todos los actos y a todas las relaciones, comenzando por la relación contigo mismo; por supuesto, en relación con los demás y soberanamente con mayor cuidado y atención, si se trata de la relación con quien has decido que sea <tu pareja>, por el tiempo que sea.

Una de las 7 Leyes del Universo[1], conocida como “Principio  o Ley de Correspondencia”, enseña que “Como es adentro es afuera”, lo que se traduce en que lo que ocurre en el mundo material es un reflejo del mundo espiritual y nos lleva a la comprensión, que, observando cómo está nuestro interior, podemos comprender cómo está nuestro mundo físico.

Incluso Maestros como José Luis Parise[2], afirma que el ser humano, para justificar su existencia, está llamado a crear su propia realidad, lo cual puede hacer a partir justamente, de hacer conciencia de lo que quiere, de lo que piensa, dice y hace y así en Once pasos, llegar a tener lo que desee en el mundo exterior.

Desde luego el <tener pareja o vivir en pareja> y sobre todo vivir conscientemente en pareja, es uno de los aspectos que se consigue a partir de la capacidad de crear tu propia realidad; de tejer cada día, en cada instante, el entramado de lo que constituye tu universo en pareja, aspectos tales como la presencia, la conciencia, la responsabilidad y la entrega[3], que son definitivos a la hora de armonizar tus relaciones con otros seres humanos y en especial, con quien eliges como pareja.

Las relaciones de pareja pasan por varias etapas, que la psicología, en términos generales ha identificado, como: enamoramiento, mantenimiento y consolidación:

Fase inicial de enamoramiento, en la que la novedad, la curiosidad, las esperanzas y sobretodo las idealizaciones, los llevan a creer que estaban destinados el uno para el otro; a presentarse con sus <mejores máscaras>, ocultando lo que consideran tienen feo o desagradable, que no se aceptan de sí mismos; y al mismo tiempo, a exaltar las cualidades del otro y a buscar plena satisfacción sexual.

En la segunda etapa, de mantenimiento, comienza a revelarse la verdadera esencia del ser, con sus virtudes y sus defectos; y es allí en donde es crucial la manera en que le den respuestas a los interrogantes que comienzan a surgir, una vez se caen las máscaras con las que se habían relacionado en principio. El curso de la relación se determinará entonces por las salidas a aspectos tales como: las formas reales de ver la vida, diferencias culturales, políticas, económicas, religiosas, de educación o grado de escolaridad, gustos, hobbies, etc.

Y sólo si logran conciliar la mayor parte de esos aspectos, por manera que logren reconocer los conflictos, crear acuerdos y comprometerse a trabajar en aquello que libremente se acepte como susceptible de cambio, puede la pareja pasar a la etapa de consolidación, en la que, si bien no existe ni se pretende la perfección; sí es definitivo que cada quien se acepte a sí mismo tal cual es, y acepte al otro como alguien muy importante en su vida con quien sigue deseando compartir el camino y con quien seguirá teniendo diferencias, pero que habrá aprendido a convivir con ellas, decidiendo pactar siempre y cada día.

Para nosotros, desde el tantra, además de lo que la psicología describe, hay un elemento superlativo que hace la diferencia y es la pretensión de transcendencia, más allá del entendimiento y la conciliación. Es esta necesidad de entender que somos más que un individuo o una pareja relacionada desde el ego; y que de lo que se trata es de disolvernos en el amor, en conectarnos con la fuente divina, contribuyendo a elevar la conciencia del universo, renunciando a los frutos mundanos, y ofreciéndolos al propósito común de que todos alcancemos la paz, de que todos los seres seamos felices.  

Al respecto, el Maestro Osho, nos deja unos poderosos mensajes en las siguientes frases cortas extraídas de su obra “Aprender a Amar”: Reflexiona y disfruta:

Las parejas que fracasan es muy probable que no se hayan comunicado adecuadamente. Esperan que el otro entienda cómo se sienten sin decirles nada, adivinándoles el pensamiento.

En una pareja hay que hablar claro, porque solamente de esta manera se pueden resolver los problemas; decirlo todo, sin miedo y sin inhibiciones de ningún tipo.

El amor sólo tiene larga vida si existe comprensión, de otra manera no hay intimidad. Si hay comprensión, la relación se mantendrá siempre, aunque decidan separarse y vivir cada uno por su lado.

Todo lo negativo que surge en nosotros nos concierne, pero tendemos a proyectarlo en el otro; por eso es importante darse cuenta y liberar lo negativo estando solo y no volcarlo en la otra persona. Si es necesario se puede gritar, llorar, golpear las paredes, pero sin involucrar a otro.

Estar lo más consciente posible en una relación elimina todo lo negativo, porque estar alerta hace que la pareja esté positiva y que puedan tolerarse mutuamente.

Es importante deshacerse de los viejos patrones de relación utilizados con otras parejas en el pasado. Es bueno escribirlos con todo detalle y registrarlos en la memoria para no repetirlos; se sorprenderán de cómo estuvieron saboteando esa relación todo el tiempo.

El calor de antaño estaba en la periferia, puro ego, y es bueno que haya desaparecido y también es bueno poder quererse, abrazarse, cuidarse y vivir la profundidad del amor, desde el centro. El éxtasis no proviene sólo de la pasión sino también de la honestidad.

El sexo no debería ser el objetivo del amor, el sexo debería surgir como parte del amor.

El amor sólo es posible cuando hay libertad para ser uno mismo.

Hay que entender la tibieza que va surgiendo con los años y entonces el tipo de amor será diferente, pura conciencia, espíritu de oración, espíritu meditativo.


[1] Descrita en “El Kybalión” documento del siglo XIX que describe las 7 leyes universales sobre las cuales reposa toda la creación. El origen de este conocimiento metafísico brota de la alquimia de Hermes Trismegisto, cuya existencia se estima en Egipto antes de la época de los faraones y, según la leyenda, fue guía de Abraham.

[2] José Luis Parise, psicoanalista, conferenciante internacional, investigador de lo oculto, experto en Lógica e Iniciación, creador del método conocido como “Los once pasos de la magia”.

[3] Pilares fundamentales de las relaciones gestálticas y de la terapia Gestalt.

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