Por: Fabián Salazar Guerrero: Teólogo. Acompañante Espiritual. Director Fundación INTERFE. Estudiante del Sistema de Formación en Tantra Kriya Yoga de la Fundación Dhakini.

Duele demasiado la desilusión ocasionada por una persona, un proyecto o un ideal, lo que provoca un profundo vacío en la existencia.

Frente a esta situación muchos sufren en silencio, y aunque externamente parecen tranquilos, en el fondo los envuelve una aterradora tristeza que se esconde tras una sonrisa, una expresión de dureza o una actitud de indiferencia para que nadie pueda descubrir el latente dolor.

Se llora en privado la desilusión, y el silencio de la noche es testigo de las almohadas empapadas por lágrimas y los gritos ahogados entre las manos; otros buscan la complicidad de la ducha para dejar que sus ojos desborden el inconfesable desengaño. Lo que se intenta, a veces sin éxito, es ocultar lo que pasa interiormente; sin embargo, el cambio en el brillo de su mirada delata el agotamiento.

Quienes sufren de desilusión buscan distractores en la vida cotidiana, se sobrecargan de trabajo para no pensar en su situación, se llenan de ruido, se encuentran con superficiales compañías y no falta el que se entregue al burdo analgésico del licor sin darse cuenta de que la cura es peor que la enfermedad. Se acumula tanta rabia que al final se refleja por medio de una enfermedad en el cuerpo.

Por la ilusión perdida se aumenta el temor por el futuro, y se ve proyectado con más intensidad el miedo por el abandono, la vulnerabilidad y el frustrante fracaso. Es entonces cuando comienza un largo y cruel juicio a sí mismo acusándose de ser tan imbécil, tan ingenuo, tan ciego, de haberse engañado, de no haber escuchado y de no haber detectado y parado todo a tiempo. Se desconfía de todos y de todo y en especial de sí mismo.

En medio de esta oscuridad se podría tener en cuenta algunas de las siguientes observaciones:

Muchas veces la única medicina es el tiempo, y pasamos por un duelo con sentimientos profundos de enojo, de odio, de culpa y de rabia. Reconocer y aceptar estos sentimientos no es fácil pero es la única forma de comenzar un proceso de liberación y de sanación ya que el quedarse atrapado en algunos de ellos volverá gris la existencia. En este tiempo también necesario que ocurra todo un camino de perdón comenzando por si mismo. Sería triste que nuestro dolor por la desilusión se lo cobramos a otras personas que nada tiene que ver con el asunto. Se requiere tener la conciencia que después de la desilusión el principal herido es la confianza y está también requiere amor y tiempo para restaurarse.

Por otra parte puede ser que el papel de víctima que se asumió en el proceso no nos permita reconocer que al otro lado de la historia también existe una verdad. Quien está en la orilla contraria puede estar igualmente sufriendo, se encuentra frustrado por lo que está pasando, se siente juzgado y sin oportunidad de defenderse; y quiere reparar las cosas sin saber cómo hacerlo. A veces es sólo bajar el orgullo y escuchar para salvar la situación y evitar tanto dolor que produce el presumir y no preguntar.

En ocasiones el propio ego no nos deja asumir que esa persona u oportunidad se perdió poco a poco, que cambió porque no se le puso la atención o el cuidado que se requería, o que se acabó porque cumplió su tiempo en nuestras vidas. Eso no significa que sean malas, sino que simplemente ya no son para nosotros. Es reconocer con humildad que el mundo no gira a nuestro alrededor.

Algunas de las ilusiones creadas fueron el fruto de nuestras propias ansiedades, de las desmedidas expectativas y, además, de los silenciosos miedos acumulados. Si vemos a las personas o las circunstancias en sus justas dimensiones, no les pondremos un peso imposible de soportar. Así se puede ser más compasivo y comprensivo cuando no cumplan aquello que pensábamos tenían que hacer para hacerlos felices. La felicidad es una tarea propia y nadie la puede hacer en nuestro lugar.

Dejar que una ilusión tumbe todo lo que se hemos construido puede ocasionar que perdamos otras cosas de la vida, tan o más valiosas. El dolor puede no dejarnos ver los seres queridos alrededor, los recursos a disposición, las nuevas ventanas abiertas y los sueños que siempre estuvieron ahí esperando una oportunidad. La vida en ocasiones nos quita algo con el único propósito de permitirnos encontrar otra cosa mejor.

Cuando se está en una profunda desilusión en necesario buscar ayuda, pero se debe escoger a quién abrir el corazón pues algunos darán soluciones superficiales y hasta estúpidas, otros se alegrarán de vernos vencidos y más de uno no nos tomará en serio y dirá cualquier cosa con tal de salir del paso. Por eso se debemos buscar bien con quién hablar pues de estas situaciones no se sale solo.

La ayuda espiritual es muy valiosa, ya estas desilusiones afectan también la relación que tenemos con Dios pues sentimos que Él no nos cuidó, nos engañó, esta sordo, es indolente, permitió que nos hicieran daño y hasta premió a quien nos hirió. Se requiere una profunda reconciliación con la vida para no quedar amargados.

Para prevenir hacia futuro tenemos la oportunidad aprender de las experiencias y no cometer los mismos errores, entre ellos el de dar apresuradamente el corazón a quien no lo merece.

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