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Por: Fabián Salazar Guerrero

Teólogo. Acompañante Espiritual.

Director Fundación INTERFE.

 

teologosalazar@gmail.com

www.teologosalazar.org

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*Hace algunos días tuve una maravillosa experiencia de búsqueda espiritual junto con unos amigos y amigas. Estuve en el espacio bellísimo de una montaña, rodeada de ríos y quebradas, enmarcada en sus horizontes por bellos matices de verdes y azules, el canto de las aves todo el día, la blanca neblina de madrugada y las oscuras noches que permitían contemplar las estrellas.

El desafío de salir de la rutina se vio recompensado por la meditación, la contemplación, la respiración y la reflexión acerca del agua y su fluir como una profunda enseñanza acerca de la vida. Hablar del agua es evocar nuestra propia experiencia de estar sumergidos en el vientre de nuestras madres, es hacer conciencia del fluir de líquidos en corrientes internas dentro de nuestro cuerpo y de hablar de la existencia como un devenir que fluye a través de los años.

A continuación les comparto alguna de mis reflexiones deseando sean de utilidad para su vida espiritual.
Comenzaré contándoles que me impacto la experiencia de ir a descalzo al río. Subir por la piedras, sentir el olor de la tierra mojada, escuchar la naturaleza, entrar emocionado para sentir su fuerza, disfrutar la corriente cayendo en pequeñas cascadas que se convierten en burbujas y remolinos, que con su fuerza todo lo empuja hacia adelante y te abraza todo el cuerpo como si mil labios húmedos te besaran. Estremecerse con el frío, sentirse despierto, limpiándose por dentro y por fuera, y luego sentarse con serenidad en una roca para dejarse arrullar por el canto del agua.

En otros espacios vividos tuve la oportunidad de experimentar el agua fría y desafiante, el agua caliente y acogedora y el agua en vapor que se metía por cada poro. El agua permanecía en su misma naturaleza pero me permitía sentirla de diferentes maneras. Así también es la vida, que se manifiesta de variadas formas y rostros, y por eso es tan importante explorar nuevas maneras de expresarse, para que la vida se disfrute en el gozo de vivir en la riqueza de su plenitud.

Que hermosa enseñanza me dejó una piscina, con agua corriente, que permite que el agua entre y salga permanente. Al ver esa construcción tan armónica, pude constatar lo importante que es aprender vivir el ciclo del recibir, conservar y entregar. Si nos limitamos únicamente a recibir nos desbordamos llenándonos sin sentido y sin salida; si nos quedamos en el conservar, retenemos lo que somos y nos llenamos de apegos, y al igual que el agua estancada se echa a perder por la quietud; así mismo el que entrega lo que tiene sin recibir, se queda muy pronto agotado y vacío. Es muy sabio mantener el equilibrio para disfrutar realmente de la plenitud, la generosidad y la abundancia que nos ofrece todo el universo.

En varias ocasiones del día, se podía sentir la lluvia caer, empapando todo, a veces como una suave brizna y en otras como un fuerte aguacero estrepitoso. Después de su paso, todo quedaba limpio, despejado y como nuevo; así mismo las lágrimas comparten la mismas cualidades y al salir del corazón lavan todo a su paso, desahogan los dolores y tristezas internas y logran encontrar el consuelo esperado. Lagrimas densas llenas de sentimientos y luego la serenidad del alivio por liberar lo que se guardó internamente. Así mismo una lluvia serena de lágrimas puede expresar la alegría, el agradecimiento y la ternura.

Se puede observar como el agua gana fuerza cuando avanza. El agua se ve muy plácida y calma cuando es un delgado arroyo pero al unirse con otros se vuelve incontrolable por el aumento de su caudal. Así también los problemas cotidianos que comienzan en pequeños arroyos manejables se dejan crecer descuidadamente por la rabia, el ego, la incomprensión, el miedo o la desilusión, y se convierten en fuertes corrientes descontroladas que se desbordan causando destrucción y que en ocasiones arrasan a quienes no tienen la culpa. Que valioso es entonces aprender a solucionar las dificultades cuando son pequeñas, a expresar las inconformidades de manera oportuna y permitir enderezar a tiempo el cauce llenándonos de comprensión, perdón y sabiduría.

Otra de las cualidades del agua al acercarnos a ella, es el que nos permite reflejarnos. En muchas ocasiones no nos gusta lo que vemos, pero debemos ser conscientes que no es el agua en si misma sino lo que proyectado de nosotros en su superficie. Así mismo sucede cuando vemos en el otro sus defectos, sus fallas, sus errores y sus debilidades, puede ser que estemos viéndonos en un espejo de agua y juzgamos sin darnos cuenta que hemos creado esa imagen. Esta claridad nos debería llevar a ser más misericordiosos, comprensivos y bondadosos si queremos recibir lo mismo como reflejo de la vida. Realmente no es fácil pero nos dará finalmente una profunda paz.

En esos días de retiro junto a lo natural, que bella experiencia era beber el agua, directamente de la fuente. El sabor era diferente y ciertamente muy refrescante. Un sorbo tras otro parecía purificarlo todo. Se busca calmar la sed del cuerpo pero en realidad era un símil del intentar calmar la sed de la existencia. Cuantos sedientos van por el mundo bebiendo en charcas y en aguas malsanas que enferman la mente, el corazón y el alma. Si se siente esa sed es un desafío el ir a buscar la fuente. Para ello se pide valentía y decisión para subir la montaña, caminar sin descanso, dejar lo que nos es inútil y arriesgarnos a renunciar a los propios engaños para ir tras la corriente de agua viva, el agua sanadora y el torrente inagotable de felicidad que siempre nos está esperando.

Si se mira con atención, se descubrirá con fascinación como un pequeño hilo de agua, se une a otros para formar corrientes mayores que se convertirán en ríos y que un día, siguiendo su rumbo, se fundirán en el enorme océano. Que maravilloso pensar que un pequeño cuerpo de agua recorrerá enormes distancias para encontrar su meta, como si una fuerza muy poderosa y amorosa lo llevará a su destino. Así nuestras almas como humanidad se van uniendo unas a otras hasta llevarnos a fundirnos en el mar infinito de la divinidad que es nuestro verdadero hogar.

Para finalizar este escrito quiero compartirles una frase que me impacto mucho sobre esta experiencia de agua, y es la siguiente: “No es una gota del mar sino el mar en una gota” y que puedo adaptarla para decir de cada uno de nosotros que “no somos una gota de Dios sino Dios en una gota”.

* Texto tomado de www.eltiempo.com, con autorización de su autor.

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